Mago Veo-Veo ¿dónde estás?

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A los 11 años, era una niña bastante apática, sólo me gustaba leer, devoré la Colección Billiken, todos los números de Mafalda, Cuentos Escogidos, El Tony, D’Artagnan, varias novelas de Agatha Christie y un montón de literatura de dudosa calidad, entre ciencia ficción y misterio. Sin embargo, no tenía ninguna cualidad especial, ningún talento que me destaque, era un desastre tanto para los deportes, como para las danzas. La indiferencia, entonces, era mi escudo.

Un día de esos apareció en la escuela un cura, un joven catalán que parecía estar siempre de muy buen humor y nunca estaba quieto. Flaco y de nariz aguileña, mirada directa y voz entusiasta, me llamó la atención rápidamente. Luego supe que había comenzado a hacer un programa en la radio. Era un programa infantil y en el micrófono usaba el nombre de Mago Veo-Veo. Esa alegría que siempre parecía tener, esa energía que proyectaba con todos, me enganchó. Quise ser así, contagiarme de ese ímpetu que hasta entonces me resultaba desconocido. Me convertí, literalmente, en su seguidora. Estaba detrás suyo todo el tiempo libre que tenía, me nombré su ayudante, coproductora, asistente o lo que fuere necesario.Sigue leyendo «Mago Veo-Veo ¿dónde estás?»

El optimismo como habilidad

dsc_0421.jpg¿Cómo es un emprendedor? ¿Qué lo caracteriza?¿Quiénes triunfan y quiénes fracasan? ¿Qué piensa cuando decide iniciar un negocio? ¿Es conciente de todas las amenazas que lo rodean o simplemente las ignora? Debe haber de todo, pero hay que admitir que lo que llaman «emprendedurismo»  requiere coraje y a veces cierta dosis de irresponsabilidad.

La mirada certera a un espacio, pequeño, casi invisible en este mundo repleto de productos truchos, finos, caros, baratos, de plástico casi siempre. En un espacio invadido por la publicidad, los letreros horrendos, los parlantes violentos, los locutores sádicos, hay personas que no desesperan, no cejan, no sucumben. Imagino que no son de las que piensan que ya hay de todo en este mundo, ya todo está hecho y dicho. Es envidiable. Entonces toman la decisión, cogen sus ahorros (o se prestan), alquilan un local junto a esa tienda de llantas, frente al técnico que repara lavarropas e instalan su local de jugos, tacos, pan casero, una lavandería, lo que fuere. Saben que como el producto que ofrecen, hay cientos. No importa, invierten, pintan, dibujan su logotipo, hacen el cartel, consiguen los muebles y arrancan. Los emprendedores son, básicamente, optimistas con sentido práctico.Sigue leyendo «El optimismo como habilidad»

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