El cine que vieron los directores bolivianos

Tuvimos que indagar bastante para conocer los títulos bolivianos estrenados durante este 2018, que ha sido –ciertamente- un buen año para el cine local, ya que no sólo se ha promulgado una nueva ley, sino porque hay una interesante cantidad de películas, 14, hasta donde hemos podido conocer. Es bueno también saber que la mayor parte de éstas son óperas primas y hay nuevos nombres en el mercado, esperemos que esta generación de jóvenes cineastas nos sorprenda cada vez más gratamente. Sigue leyendo

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Comedia negra, suspenso y absurdo en el lente de los Coen

Hnos CoenJoel y Ethan Coen son la prueba viviente de que dos cabezas piensan mejor que una. Ambos funcionan como un solo y potente cerebro creativo. Se dan el gusto de hacer un cine de estilo propio, logrando el aplauso, no solo de la industria, sino de la crítica y, sobre todo, de un público que los sigue en todas y cada una de sus producciones. Se dice que estos dos hermanos, nacidos con tres años de diferencia, crecieron viendo muchísimas películas y desde niños jugaron con la cámara, inventando y filmando historias. Desde que comenzaron, hasta hoy, ambos hacen las veces de directores, escritores, productores y montajistas. En este rol suelen usar el seudónimo de Roderick Jaynes.

Para lograr su original estilo visual y narrativo, lleno de historias imprevisibles y un sentido del humor matizado de sarcasmos y absurdos, los Coen tienen un grupo de actores favoritos a los que acuden para casi todas sus películas. Son nombres de peso, como su musa imprescindible, la gran Frances McDormand, a la cual suelen acompañar Steve Buscemi, John Goodman, George Clooney y Josh Brolin, por citar algunos.

collage actores coen“Ethan y yo hemos estado contando historias con cámaras desde que éramos niños. Honestamente, lo que hacemos ahora no parece tan diferente a lo que hacíamos en ese entonces” ha dicho Joel alguna vez. Su trayectoria les ha valido, hasta ahora, un Globo de Oro, cuatro premios Oscar y dos BAFTA, entre otros reconocimientos. Sigue leyendo

Alcira

Tupiceña, muchas arrugas, pocas canas, ni un diente, energía al 100%. “Cuando era niña y había luna llena, mi mamá, ponía un bañador con agua y le hacía dar el reflejo. Después, me lavaba el cabello con esa agüita, para que no tenga canas. Ahora, casi ochenta ya estoy por cumplir y mirá mi cabello, sigue negro”, me dice. Su madre era muda y le tenía prohibido salir a jugar, pero Alcira se escapaba a la cancha todos los días, ahí aparecía la mamá con el chicote, más efectivo que un grito. Ahora Alcira juega básquet con sus amigos de Tupiza en una cancha de El Alto. Por eso me conservo tan bien, afirma, segura de sí. Perdió toda la dentadura, no sé por qué, pero no es difícil imaginar todo lo que pudo influir. Alcira ha luchado cada día de su vida, cuando su padre la abandonó sin reconocerla, cuando su marido la dejó con tres hijos, cuando uno de ellos desapareció, cuando tuvo que criar al nieto que la nuera le dejó y así, cuando toda su vida sigue transcurriendo. Alcira no se queja, se ríe, habla a las aves y comparte su pan con el perro mendigo.

Alcira trabaja como guardia en un garaje, en turnos de 24 horas y es más atenta que sus colegas jóvenes, más alerta que cualquier varón. Alcira ilumina. La miro y me pregunto por qué sigue trabajando, si lo ha hecho desde que era una niña. “Tengo que llevar comida y pañales a mi nieto, que está en el Instituto de Rehabilitación Infantil, en Obrajes. “Amarradito en su silla de ruedas me lo tienen”, dice. “No habla, pero cuando me ve llegar, ¡sus ojos se iluminan!”.

Alcira tiene mil y una historias que disfruta compartir con quien esté dispuesto a sentarse un momento con ella. Doy fe que tiene el don de despachar hasta al más duro, con ganas de ser una mejor persona. Bendita seas, Alcira.

rpt

 

Esta página se ha publicado también en la revista Rascacielos.

 

Carlos Vives: quedarse para llegar lejos

IMG_8648Resulta extraño escuchar a Carlos Vives, pero no cantando. Es extraño verlo en un escenario, sentado. Es más extraño verlo conversando con el presidente de su país y con el máximo ejecutivo del BID, una de las organizaciones financieras de desarrollo más grandes del mundo. Es extraño ver que el auditorio de más de 1000 personas, escucha en silencio, en medio de cientos de pantallitas registrando el momento.  Nadie baila. Carlos luce un tanto incómodo en principio, no es un ambiente familiar para él, aunque está en su tierra, cantando su himno y la ropa de las tres figuras es informal, una inusual tenida de camisa clara sin corbata con las mangas al codo y pantalones claros. Dos presidentes, un acto oficial, un cantante y cientos de especialistas en inversiones. Toda esta combinación es extraña.

¿Qué hace Carlos Vives, el músico caribeño que hace vibrar a millones con su voz, su carisma y su ritmo, en un evento con más de 1.700 profesionales de la banca, finanzas, tecnología e innovación? ¿Y sin música?

Carlos fue panelista en el acto de apertura del reciente Foro Iberoamericano de las Microfinanzas, que en su versión N° 21 se enfocó en un tema estratégico para el desarrollo: la inclusión financiera. Dentro de sus ejes de trabajo tuvo una serie de actividades en torno a lo que ahora se denomina “economía naranja”, un concepto que el Banco Interamericano de Desarrollo viene trabajando desde hace algunos años para demostrar que las actividades culturales, creativas y artísticas son también parte del motor económico de cualquier país, tanto o más que la minería, el comercio o los hidrocarburos.

La economía naranja es la dimensión económica del arte y la cultura y parte del trabajo de este FOROMIC era promover la exploración y construcción de valores a partir de este concepto, involucrando en un mismo espacio y momento a instituciones financieras con emprendedores, innovadores y creativos de diversos ámbitos y nacionalidades.

Carlos Vives fue invitado no porque sea el artista con más nominaciones a los Premios Grammy Latinos, o porque vende millones de discos o llena grandes teatros, sino porque se lo considera un precursor del emprendimiento creativo en su país. Sigue leyendo

#66SSIFF: palmarés y recomendaciones de #DíasDeCine

SanSebastian 2018Durante la semana pasada, si pasabas por el País Vasco, por 7,9 euros podrías comprar tu entrada y ver alguna de las decenas de proyecciones que el festival de Donostia ofreció a sus privilegiados visitantes. Este 29 de septiembre concluyó la versión N° 66 y estos son los títulos ganadores de la Sección Oficial:

  • Entre dos aguas, Isaki Lacuesta (España) – Concha de oro a la mejor película
  • Alpha, the right to kill, Brillante Mendoza (Filipinas) – Premio especial del jurado
  • Rojo, Benjamín Naishtat (Argentina, Bélgica, Brasil, Alemania, Francia, Suiza) – Concha de plata al mejor director, Darío Grandinetti (Argentina) – Concha de plata al mejor actor, Pedro Sotero – Premio del jurado a la mejor cinematografía
  • Blind Spot, Pia Tjelta (Noruega) – Concha de plata a la mejor actriz
  • Rojo, 
  • Premio del jurado al mejor guión: ex-aequo Paul Laverty por Yuli (España, Cuba, Reino Unido, Alemania) y Jean-Claude Carrière y Louis Garrel por L’homme fidèle

En las listas estuvo luciéndose Sirena, nuevo film boliviano, de Carlos Piñeiro, con guion de Juan Pablo Piñeiro y Diego Loayza, seleccionada para la sección Cine en Construcción, junto a otras 5 películas, entre un total de 181. Piñeiro (La Paz, 1986) es el autor de cortometrajes como Plato paceño (2013) y Amazonas (2015). En Sirena cuenta la búsqueda y rescate del cadáver de un ingeniero en una isla del Lago Titicaca.

El jurado de la sección oficial estuvo presidido por el director Alexander Payne (Entre copas, Nebraska, Downsizing), que contó con la participación de la directora de fotografía Bet Rourich, las productoras Agnes Johansen y Francesca Cima, el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart y la actriz Rossy de Palma.

Entre sus muchas actividades programadas, #66SSIFF también quiere constituirse en un espacio de reflexión sobre la influencia de las nuevas tecnologías en el sector audiovisual, por lo cual ha creado la jornada “Zinemaldia & Technology”, en la cual se reunieron profesionales del cine y tecnólogos con la idea de enterarse de los avances y oportunidades que pueden encontrar en esta combinación de saberes.

Y la recomendación de la semana. Diez películas ganadoras del premio central de este festival, la Concha de Oro a mejor película:

  1. La caja de pandora, Yesim Ustaoglu. Turquía, 2008. La protagonista interpretó su personaje a la edad de 89 años, con una calidad interpretativa tal que le valió el premio a la mejor actriz. La directora Ustaoglu retrata a una familia que se ve obligada a reunirse y juntar sus esfuerzos para encontrar a su madre desaparecida, que padece de Alzheimer. Esta crisis desencadena una serie de hechos y descubrimientos, igual que una caja de sorpresas.
  2. Ciudad de vida y muerte, Lu Chuan. China, 2009. Filmada en blanco y negro y ganadora del premio a la mejor fotografía. La película, ambientada en 1937, es una historia intensa, feroz y deslumbrante acerca de la crueldad y el horror producidos durante la segunda guerra chino-japonesa.
  3. Neds (No Educados y Delincuentes), Peter Mullan. Reino Unido, 2010. Retrata los extremos por los que transcurre la existencia de un niño que, de acosado, educado y premiado académicamente, se convierte en un adolescente agresivo y consumidor de drogas, en su búsqueda por entender el sentido de su existencia en un ambiente degradado. Un gran análisis de las diferencias de clase y de las bandas juveniles de los barrios pobres.
  4. Los pasos dobles, Isaki Lacuesta. España, Suiza. 2011. Historia basada en el artista François Augiéras, un pintor y escritor francés que usó un búnker en el desierto para cubrirlo con pintura y dejarlo abandonado, con la idea de que la arena lo cubra y lo hunda para ser redescubierto en un futuro no tan lejano.
  5. En la casa, François Ozon. Francia, 2012. El talento de un estudiante de 16 años es descubierto por su profesor de literatura que, hastiado de la mediocridad de sus alumnos, lo entusiasma con la escritura. El joven, introvertido y algo extraño, logra involucrarse en la vida de una familia con la idea de escribir sobre ellos, pero las cosas se irán complicando. Cuenta con la participación de la maravillosa Kristin Scott Thomas.
  6. Pelo malo, Mariana Rondón. Venezuela, 2013. Junior es un niño de 9 años, hijo de una madre joven, viuda y desempleada con la cual viven, junto a su hermanito menor, en un enorme edificio multifamiliar de Caracas. Junior quiere tener el pelo lacio, para parecerse a un cantante que admira. El conflicto surge cuando su madre no logra reunir la paciencia que requiere para entender a su niño.
  7. Magical girl, Carlos Vermut. España, Francia, 2014. En una mezcla de suspenso, comedia y drama, Vermut muestra una complicada red de relaciones, manchadas por el conflicto y el chantaje, junto a la historia de un padre que intenta desesperadamente cumplir el último deseo de su hija de 12 años.
  8. Gorriones, Rúnar Rúnarsson. Islandia, 2015. Ari tiene 16 años y su apacible vida, mientras vivía con su protectora madre en la ciudad, entra en crisis cuando lo envían al campo para vivir con su padre, un individuo distante y alcohólico que no logra conectar con su hijo en esta nueva oportunidad que ambos tienen para reencontrarse.
  9. I am not Madame Bovary, Feng Xiaogang. China, 2016. Li Xuelian es una joven casada, que finge un divorcio para lograr privilegios ante el Estado. El tiro le sale por la culata cuando su esposo aprovecha la circunstancia para contraer nuevas nupcias, a partir de lo cual Li Xuelian comienza una interminable serie de intentos por lograr un resarcimiento.
  10. The Disaster Artist, James Franco. Estados Unidos, 2017. Basada en hechos reales, Franco dirige y protagoniza la historia de Tommy Wiseau, un extraño personaje que vivió en Hollywood y que produjo, protagonizó y dirigió la que se considera una de las peores películas de la historia.

Bolivia entre 20 países elegidos para una gran producción documental: WOMAN

Yann-Arthus Bertrand, el realizador que busca conocer el alma humana

Y Arthus-Bertrand©Quentin JumeaucourtEste año se rodó en Bolivia un segmento de Woman, el nuevo documental de Yann-Arthus Bertrand que codirige con Anastasia Mikova. El trabajo de este cineasta es mundialmente reconocido tanto por el público como por la crítica, y la participación de Bolivia no es poca cosa. Será la primera vez que seamos parte de una de las producciones de Bertrand, reconocido por sus espectaculares imágenes aéreas y su compromiso con temas sociales y ambientales.

Desde 2017 el equipo de Hope Production recorre unos 20 países del globo, con la intención de entrevistar a unas 3.000 mujeres. Lo hará hasta 2019. Marion Gaborit y Emilie Aujé, periodista y camarógrafa de Hope Prod. llegaron a Bolivia desde París en marzo y durante varias semanas nos dedicamos a encontrar mujeres con historias auténticas e intensas para compartir.

De Guarayos a París

Marion, Emilie y yo como responsable de la investigación y producción local, logramos cerca de 30 entrevistas en varias regiones del occidente y el oriente del país, incluyendo la provincia Guarayos, desde donde conversé con Bertrand a través de una video llamada. “El papel que las mujeres ocupan en un país es uno de los indicadores que mejor revela su buen estado”, dijo entonces y explicó por qué decidió hacer este documental: “Woman es ante todo un reflejo del mundo de hoy. Me he dado cuenta que durante todos estos años no habíamos intentado saber qué significa ser una mujer en este mundo de hombres. Hoy es un tema de moda, pero no lo era tanto cuando empezamos, por eso decidimos hacer esta película. Desde que empecé, he estado trabajando con muchas mujeres (así debe ser) y he cambiado de opinión sobre mi madre y sobre mi esposa, por ejemplo. Pienso que si los hombres escuchamos todo lo que hemos hecho, podremos entender mejor a las mujeres”. Sigue leyendo

Ana y Clemencia

Su lealtad es innegociable. Siempre de trato generoso, son las caras más queridas de la Cinemateca Boliviana. De los 42 años de su creación, Ana Sotomayor y Clemencia Nina están ni más ni menos que 31. Sus primeros salarios eran de 60 bolivianos. Llegaron cuando la salita y el repositorio que alberga el patrimonio cinematográfico más importante del país estaba en su primera infancia. Con el tiempo ya conocían a su público. Era la época en que ibas con tu carnet de estudiante o de Amigo de la Cinemateca y pagabas Bs 1,50 por ver joyas del cine en una butaca añeja, como la esquina Indaburo y Pichincha. La Clemen te veía y en lugar de preguntar qué asiento querías, te entregaba tu taquilla favorita, sabiendo qué lugar te gustaba y preguntando qué tal fue tu día, con la franqueza de quien nada espera, con la claridad del aprecio mutuo. Sigue leyendo