Joaquina costura y sueña

Conocí a Joaquina cuando mi sastre me había fallado, sin disculpa ni pena, en la confección de unos uniformes que debía presentar con premura. Ella hizo el trabajo de una semana en dos días, con serenidad y sin aspavientos. Me salvó de un lío y mientras revisábamos las prendas, le pregunté su historia. Acá la dejo, agradecida.

La simpatía de Joaquina sólo es superada por su seriedad a la hora de entregar su trabajo. Mientras revisa las prendas a modificar, conversa serenamente, revisa cada detalle, pregunta, sugiere. Su vida no ha sido un lecho de rosas, pero ella sabe que somos el fruto de nuestras decisiones y opta por no cejar.

Siendo muy niña, en la provincia Pacajes, padeció de poliomielitis, que se ensañó con la fragilidad de su pequeño cuerpo. Su madre salió con ella rumbo a la ciudad y la dejó en el hospital, saliendo para no regresar. Sigue leyendo

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Para entender la diversidad

A propósito del reciente mes del orgullo LGTBI, hemos hecho una selección de hermosas, divertidas, dramáticas e interesantes historias de personas cuya sexualidad les ha acarreado un sinfín de dificultades. Relatos de gente con vidas corrientes en la mayoría de los casos, pero que sin embargo han debido superar trabas impuestas por esquemas sociales, religiosos y políticos que promueven la heterosexualidad, contra la libertad y la autenticidad. La homofobia es tan perniciosa como el racismo, es injusta con personas inocentes, excluye, persigue, condena e incluso, mata. Muchas familias, millones de ellas tienen en su seno a alguien no heterosexual, atemorizado de compartir quien realmente es con sus seres queridos; viven clandestinos entre los suyos.

Desde #DíasDeCine los invitamos a compartir estas buenas historias (son fáciles de conseguir) y disfrutarlas sin prejuicios, recordando que todos pueden tener hijos, hermanos, madres y padres que podrían sentirse cautivos y vivir una existencia desdichada, tan solo por falta de comprensión.

A_Very_English_ScandalDe inicio,  una miniserie para TV, sugestivamente titulada A Very English Scandal. Hugh Grant protagoniza magistralmente esta producción, tanto que fue nominado al Globo de Oro por su papel del prominente político del partido liberal británico, en la década de los 60. Una historia basada en hechos reales, con tres capítulos estupendamente realizados.

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Cine español, lo mejor de la ceremonia 2019

0 estatuilla-goyaDicen que la obra de Francisco de Goya tenía un concepto que semejaba al cine y que, incluso, había secuencia entre sus obras. Por eso es que en homenaje a este fundamental artista nacido en 1746, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España tuvo la iniciativa de crear la entrega anual de premios, con el nombre de Goya. En un formato muy similar a las ceremonias de los Oscar, los Cesar o los BAFTA, la academia española premia a los mejores profesionales de su cine en una gala que este año tuvo su mejor cifra de audiencia de los últimos años. Los Goya 2019 se entregaron el mes pasado en Sevilla y ésta es la lista de los ganadores en las categorías de mejor película (9) y una a mejor dirección. Una selección sin desperdicio. Sigue leyendo

Querido Óscar

edfBastó un intercambio de miradas para que ambos sonriamos con una mezcla de complicidad y aprecio. ¿Cuántos años han pasado? Uhhh… tantos, suspira.

Desde 1989 y durante una década trabajó en ese inolvidable bar de Sopocachi que muchos aún extrañamos, un antro irresistible que se llenaba de almas noctámbulas en busca de oscuridad, música y amigos. Oscar Bazán fue uno de los más apreciados meseros de El Socavón. Todas las noches caminaba kilómetros enteros, dentro de esos escasos metros cuadrados, llevando bandejas llenas de vasos por las mesas repletas de parroquianos que se aprestaban a escuchar las tocadas en vivo de los músicos que comenzaban en esos años con los nombres de Lapsus, 3X, Anada, Loukass, Coda 3 y tantos otros.

¿Qué es lo que más recuerdas de esa época? A don Jaime, Sol Mateo, Gastón Ugalde y tantos artistas que siempre iban por ahí, me dice. Yo lo recuerdo como un hombre correcto. El mesero que estaba firme noche a noche, en una labor que no siempre era fácil. Era grato llegar al bar y verlo ahí, junto al resto de los compadres.

En esos años, mientras trabajaba de noche, Oscar estudiaba de día. Se recibió como agrónomo casi al mismo tiempo que El Soca cerró. Ahora se dedica a contratos eventuales y siempre está de acá para allá, así que cuando camina por las calles paceñas no falta quien lo reconoce y se alegra de ver ese rostro de franca mirada que tantos recuerdos trae.

Alcira

Tupiceña, muchas arrugas, pocas canas, ni un diente, energía al 100%. “Cuando era niña y había luna llena, mi mamá, ponía un bañador con agua y le hacía dar el reflejo. Después, me lavaba el cabello con esa agüita, para que no tenga canas. Ahora, casi ochenta ya estoy por cumplir y mirá mi cabello, sigue negro”, me dice. Su madre era muda y le tenía prohibido salir a jugar, pero Alcira se escapaba a la cancha todos los días, ahí aparecía la mamá con el chicote, más efectivo que un grito. Ahora Alcira juega básquet con sus amigos de Tupiza en una cancha de El Alto. Por eso me conservo tan bien, afirma, segura de sí. Perdió toda la dentadura, no sé por qué, pero no es difícil imaginar todo lo que pudo influir. Alcira ha luchado cada día de su vida, cuando su padre la abandonó sin reconocerla, cuando su marido la dejó con tres hijos, cuando uno de ellos desapareció, cuando tuvo que criar al nieto que la nuera le dejó y así, cuando toda su vida sigue transcurriendo. Alcira no se queja, se ríe, habla a las aves y comparte su pan con el perro mendigo.

Alcira trabaja como guardia en un garaje, en turnos de 24 horas y es más atenta que sus colegas jóvenes, más alerta que cualquier varón. Alcira ilumina. La miro y me pregunto por qué sigue trabajando, si lo ha hecho desde que era una niña. “Tengo que llevar comida y pañales a mi nieto, que está en el Instituto de Rehabilitación Infantil, en Obrajes. “Amarradito en su silla de ruedas me lo tienen”, dice. “No habla, pero cuando me ve llegar, ¡sus ojos se iluminan!”.

Alcira tiene mil y una historias que disfruta compartir con quien esté dispuesto a sentarse un momento con ella. Doy fe que tiene el don de despachar hasta al más duro, con ganas de ser una mejor persona. Bendita seas, Alcira.

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Esta página se ha publicado también en la revista Rascacielos.

 

Si el río suena…

Los seguidores del cine boliviano cruzamos los dedos cada vez que nos enteramos que una nueva película nacional va a ser estrenada. No es para menos. Con todo el esfuerzo que significa hacerla y la expectativa que se crea en un público ávido de verse en la pantalla grande, hay que admitir que han sido más las decepciones que las alegrías. Sin embargo, en los últimos años ha habido gratas sorpresas, sobre todo de nuevos realizadores, que reflejan nuestras historias con una mirada fresca, apelando a más ángulos de la ficción, con sentido del humor y exponiendo sus cuestionamientos con buen sentido estético y formal. En general, el guión y la dirección de actores siguen siendo nuestras mayores flaquezas a la hora de plantear un rodaje. Muchas buenas historias se diluyen en textos sin eje narrativo claramente sustentado y sin un trabajo incisivo en la dirección actoral. Sigue leyendo

Casera, ¿me das un verde?

Muy temprano, cuando las calles aún están vacías de prisa y estrés, María Velásquez ya está firme en su puesto de trabajo, en días laborales, fines de semana y feriados. Como muchas otras mujeres, trabaja desde niña; cuando tenía siete años ayudaba a su tía en su puesto del Mercado Lanza. María ha crecido en medio de esos aromas frescos. Ya adulta, decidió instalar su propio quiosco en el barrio de San Miguel. Comenzó con zumos de naranja.

“Había un señor que quería bajar su peso y me preguntó si tenía apio. ‘No’, le he dicho, y me ha respondido que él iba a traer. Volvió con su apio y su jengibre, yo le he puesto manzana y así hemos comenzado con el jugo verde”, ahora todos lo hacen, me cuenta. “Las señoras del gimnasio que veían el jugo, venían y me preguntaban qué le había dado al señor, ‘yo quiero igual’ me decían. Con el tiempo hemos hecho más variedades, como el rojo, con manzana, remolacha y zanahoria, y el azul, con naranja y arándano”.

María conversa poco y observa mucho. Reconoce a sus clientes desde lejos, “¿cuál vas a querer, mamita?”,   “acabá tu vaso, te voy a aumentar”, dice. Así se hace querer, simple y francamente, con esas manos hábiles y su mirada silenciosa que tanto dice.

MariaVelasquez web

Esta página también se publica en la revista Rascacielos.