Cine español, lo mejor de la ceremonia 2019

0 estatuilla-goyaDicen que la obra de Francisco de Goya tenía un concepto que semejaba al cine y que, incluso, había secuencia entre sus obras. Por eso es que en homenaje a este fundamental artista nacido en 1746, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España tuvo la iniciativa de crear la entrega anual de premios, con el nombre de Goya. En un formato muy similar a las ceremonias de los Oscar, los Cesar o los BAFTA, la academia española premia a los mejores profesionales de su cine en una gala que este año tuvo su mejor cifra de audiencia de los últimos años. Los Goya 2019 se entregaron el mes pasado en Sevilla y ésta es la lista de los ganadores en las categorías de mejor película (9) y una a mejor dirección. Una selección sin desperdicio.

  1. Campeones. Javier Fesser, España, 2018. Mejor película. La vida de Marco, un cínico entrenador de baloncesto, cambia por completo luego de que es condenado por conducir en estado de ebriedad. Deberá entrenar a un equipo compuesto por personas con capacidades diferentes, cosa para la cual no está en absoluto, preparado. Una conmovedora, hilarante e imperdible comedia.
  2. El reino. Rodrigo Sorogoyen, España, 2018. Mejor dirección. “Los reyes caen, pero los reinos continúan”, dice la sinopsis de esta historia que atrapa desde la primera secuencia. Un thriller político en el que Antonio de la Torre (que también ganó el Goya por mejor actor) lucha por sobrevivir a una espiral de traiciones, corrupción y poder en la cúpula política.
  3. Carmen y Lola. Arantxa Echevarría, España, 2018. Mejor dirección novel. Dos jóvenes gitanas en Madrid se conocen y descubren que su vida podría ser distinta a lo que manda la tradición: casarse y criar todos los hijos que logren parir.
  4. Un día más con vida. Damian Nenow, Raúl de la Fuente. Polonia, 2018. Mejor película de animación. Basada en las memorias del periodista Ryszard Kapuściński, este corto relata la insólita misión de un reportero de guerra en el corazón de Angola, en 1975, cuando ese país fue asolado por un enfrentamiento civil que duraría por muchos años más.
  5. El silencio de otros. Almudena Carracedo, Robert Bahar. España, 2018. Mejor película documental. El rodaje duró seis años, durante los cuales los directores registraron la empecinada lucha de los familiares, sobrevivientes y víctimas del régimen franquista en España, su clamor por la verdad y su rechazo al olvido que se pretende imponer, que en realidad es una negación del derecho a la justicia.
  6. Roma. Alfonso Cuarón, México, 2018. Mejor película iberoamericana. Multipremiada historia en la que Cuarón homenajea a las mujeres de su vida, como él mismo lo ha dicho. Un film hiperrealista rodado en blanco y negro y que resalta por el preciosismo de su fotografía.
  7. Cold war. Pawel Pawlikowsky, Reino Unido, 2018. Mejor película europea. Una inmensa y profunda historia de amor que el director de la inolvidable “Ida” nos trae para placer de los sentidos. Habrá quien sienta el aroma de Romeo y Julieta en esas maravillosas escenas bañadas de pasión y melancolía. Bellísima.
  8. Cerdita. Carlota Pereda, España, 2018. Mejor cortometraje de ficción. Un corto de 14 minutos intensos en los cuales una adolescente con sobrepeso trata de regresar a su casa corriendo por la carretera, en bikini, luego de que le robaran la ropa en la piscina. “Una pieza social alejada de lo políticamente correcto”, dice una reseña. Que se exhiba acá, digo yo.
  9. Gaza, una mirada a los ojos de la barbarie. Carles Bover Martínez, Julio Pérez del Campo, España, 2018. Mejor cortometraje documental. Crudo retrato a la cotidianeidad de la población de la franja de Gaza, que sufre un bloqueo desde hace años, con permanentes vulneraciones a los derechos humanos y que ya no son noticia para los medios. Disponible en YouTube.
  10. Cazatalentos. José Herrera, España, 2018. Mejor cortometraje de animación. Una breve historia acerca de Dominique, un cazatalentos venido a menos, que descubre a una maravillosa bailarina, con un enorme secreto. Su director ha anunciado que ahora va filmar la historia en largometraje, pues ya cuenta con el respaldo que le faltaba, gracias a este premio.

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Querido Óscar

edfBastó un intercambio de miradas para que ambos sonriamos con una mezcla de complicidad y aprecio. ¿Cuántos años han pasado? Uhhh… tantos, suspira.

Desde 1989 y durante una década trabajó en ese inolvidable bar de Sopocachi que muchos aún extrañamos, un antro irresistible que se llenaba de almas noctámbulas en busca de oscuridad, música y amigos. Oscar Bazán fue uno de los más apreciados meseros de El Socavón. Todas las noches caminaba kilómetros enteros, dentro de esos escasos metros cuadrados, llevando bandejas llenas de vasos por las mesas repletas de parroquianos que se aprestaban a escuchar las tocadas en vivo de los músicos que comenzaban en esos años con los nombres de Lapsus, 3X, Anada, Loukass, Coda 3 y tantos otros.

¿Qué es lo que más recuerdas de esa época? A don Jaime, Sol Mateo, Gastón Ugalde y tantos artistas que siempre iban por ahí, me dice. Yo lo recuerdo como un hombre correcto. El mesero que estaba firme noche a noche, en una labor que no siempre era fácil. Era grato llegar al bar y verlo ahí, junto al resto de los compadres.

En esos años, mientras trabajaba de noche, Oscar estudiaba de día. Se recibió como agrónomo casi al mismo tiempo que El Soca cerró. Ahora se dedica a contratos eventuales y siempre está de acá para allá, así que cuando camina por las calles paceñas no falta quien lo reconoce y se alegra de ver ese rostro de franca mirada que tantos recuerdos trae.

Alcira

Tupiceña, muchas arrugas, pocas canas, ni un diente, energía al 100%. “Cuando era niña y había luna llena, mi mamá, ponía un bañador con agua y le hacía dar el reflejo. Después, me lavaba el cabello con esa agüita, para que no tenga canas. Ahora, casi ochenta ya estoy por cumplir y mirá mi cabello, sigue negro”, me dice. Su madre era muda y le tenía prohibido salir a jugar, pero Alcira se escapaba a la cancha todos los días, ahí aparecía la mamá con el chicote, más efectivo que un grito. Ahora Alcira juega básquet con sus amigos de Tupiza en una cancha de El Alto. Por eso me conservo tan bien, afirma, segura de sí. Perdió toda la dentadura, no sé por qué, pero no es difícil imaginar todo lo que pudo influir. Alcira ha luchado cada día de su vida, cuando su padre la abandonó sin reconocerla, cuando su marido la dejó con tres hijos, cuando uno de ellos desapareció, cuando tuvo que criar al nieto que la nuera le dejó y así, cuando toda su vida sigue transcurriendo. Alcira no se queja, se ríe, habla a las aves y comparte su pan con el perro mendigo.

Alcira trabaja como guardia en un garaje, en turnos de 24 horas y es más atenta que sus colegas jóvenes, más alerta que cualquier varón. Alcira ilumina. La miro y me pregunto por qué sigue trabajando, si lo ha hecho desde que era una niña. “Tengo que llevar comida y pañales a mi nieto, que está en el Instituto de Rehabilitación Infantil, en Obrajes. “Amarradito en su silla de ruedas me lo tienen”, dice. “No habla, pero cuando me ve llegar, ¡sus ojos se iluminan!”.

Alcira tiene mil y una historias que disfruta compartir con quien esté dispuesto a sentarse un momento con ella. Doy fe que tiene el don de despachar hasta al más duro, con ganas de ser una mejor persona. Bendita seas, Alcira.

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Si el río suena…

Los seguidores del cine boliviano cruzamos los dedos cada vez que nos enteramos que una nueva película nacional va a ser estrenada. No es para menos. Con todo el esfuerzo que significa hacerla y la expectativa que se crea en un público ávido de verse en la pantalla grande, hay que admitir que han sido más las decepciones que las alegrías. Sin embargo, en los últimos años ha habido gratas sorpresas, sobre todo de nuevos realizadores, que reflejan nuestras historias con una mirada fresca, apelando a más ángulos de la ficción, con sentido del humor y exponiendo sus cuestionamientos con buen sentido estético y formal. En general, el guión y la dirección de actores siguen siendo nuestras mayores flaquezas a la hora de plantear un rodaje. Muchas buenas historias se diluyen en textos sin eje narrativo claramente sustentado y sin un trabajo incisivo en la dirección actoral. Sigue leyendo

Casera, ¿me das un verde?

Muy temprano, cuando las calles aún están vacías de prisa y estrés, María Velásquez ya está firme en su puesto de trabajo, en días laborales, fines de semana y feriados. Como muchas otras mujeres, trabaja desde niña; cuando tenía siete años ayudaba a su tía en su puesto del Mercado Lanza. María ha crecido en medio de esos aromas frescos. Ya adulta, decidió instalar su propio quiosco en el barrio de San Miguel. Comenzó con zumos de naranja.

“Había un señor que quería bajar su peso y me preguntó si tenía apio. ‘No’, le he dicho, y me ha respondido que él iba a traer. Volvió con su apio y su jengibre, yo le he puesto manzana y así hemos comenzado con el jugo verde”, ahora todos lo hacen, me cuenta. “Las señoras del gimnasio que veían el jugo, venían y me preguntaban qué le había dado al señor, ‘yo quiero igual’ me decían. Con el tiempo hemos hecho más variedades, como el rojo, con manzana, remolacha y zanahoria, y el azul, con naranja y arándano”.

María conversa poco y observa mucho. Reconoce a sus clientes desde lejos, “¿cuál vas a querer, mamita?”,   “acabá tu vaso, te voy a aumentar”, dice. Así se hace querer, simple y francamente, con esas manos hábiles y su mirada silenciosa que tanto dice.

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Esta larga noche bien corta está

Larga noche de museos. Ya van 12 años y como siempre, hubo de todo y más, desde alguien que pensó que ser parte de esa velada era ir a comer pizza y luego a escuchar música en vivo a un café cerca de casa, hasta esas familias que, pertrechadas de abrigos y bufandas, salieron todos, incluidos bebés en carritos y abuelas con bastón a recorrer las calles paceñas, con una alegría que da gusto.

Leí que fueron 182 espacios los que programaron actividades para la noche del 19 de mayo en varias zonas de la ciudad, además de Viacha y El Alto. Solamente en Sopocachi eran 34 (¡34!). Se difundió información de varios circuitos zonales para que la gente pudiera organizar su salida. La Paz Bus ofreció una ruta especial a precio reducido. Mi Teleférico bajó sus tarifas, instaló exposiciones en varias estaciones e inauguró el Museo Putu Putu, ahora dispuesto, indefinidamente, a lo largo de toda la línea blanca. Hubo, incluso, veredas con códigos QR impresos en el piso, que te guiaban al espacio cultural más cercano. Sigue leyendo

Jugar a la gallinita ciega

Quienes gozamos de buena visión, probablemente hemos sentido lo que es no ver sólo cuando hacemos de gallinita ciega, ese juego infantil en el que buscamos a nuestros compañeros guiándonos únicamente por los sonidos y caminando a tientas. Fuera de eso, dudo que nos molestemos en investigar más allá. Es muy fácil dar las cosas por hechas. Ver una película, por ejemplo, es algo que no implica más esfuerzo que sentarse frente a una pantalla, mirar y escuchar. Lo difícil es ponerse en el lugar de aquellos que no tienen todos los sentidos y pensar qué podrían necesitar para disfrutar del cine. ¿Será que tienen que hacer un esfuerzo adicional? No. La respuesta correcta es que nosotros, los que tenemos la ventaja de gozar de todos los sentidos, debemos practicar aquello llamado empatía y crear formas de inclusión para las diferencias funcionales. Eso es no solamente lo correcto; es una manera de aprender a ser mejores seres humanos. Sigue leyendo