¿Qué es ser (buena) madre hoy?

Si bien el concepto de la maternidad ha sido cuestionado, discutido y diseccionado durante las últimas décadas, continúa implicando ciertas conductas consideradas como “ineludibles” y que van de la mano con la abnegación, la renuncia, el sacrificio y la incondicionalidad. Ser madre hoy es un asunto mucho más complejo que hace tan sólo 200 años, por mencionar una cifra. La relación de una mujer con los hijos e hijas que concibe o adopta se ha liberado de varios clichés, pero aún hay mucho que reflexionar. ¿Somos madres cual concepto supremo que nos determina como personas o somos mujeres que tienen hijos, siendo una decena de otras cosas más?

¿Puede el amor convertirse en sacrificio? le pregunta una hija a su madre. “Lo más importante en la vida de uno, es la vida de uno” (*), responde ésta. ¿Te debes a tus hijos por encima de todo o puedes continuar decidiendo con ideal autonomía sobre tu efímera existencia? ¿Amamos a los hijos sin importar lo que hagan o sean?

Pienso que sí. Criar a estas personitas implica construir una relación única y especial, basada en una enorme capacidad de amar, lo que no implica que surjan momentos complicados.

Recientemente he conversado con varias ejecutivas, empresarias, emprendedoras, que me han dicho cosas como:

  • “Nada de lo que hago está bien para mi hija. Tengo dos empresas, gano muy bien, el padre sólo aparece de vez en cuando, pero mi hija parece que no valora mis esfuerzos, sólo me critica.”
  • “Yo siento que nací para ser mamá, pero creo que no lo estoy haciendo bien, mi hijo me desprecia”.
  • “No entiendo a mi hijo, lo adoro, pero solamente logro que se enoje conmigo todo el tiempo y hay días en que no lo soporto”.
  • “Tener a mis guaguas fue casi un milagro. Ahora hay días en que desearía mandarlos a vivir con sus abuelos para descansar un poco de ellos, porque son extenuantes y atender mi negocio para que funcione como quiero, exige mucha energía.”
  • “Mis hijas y yo éramos muy unidas, pero crecieron y se alejaron, creo que no me perdonan que haya decidido estudiar y trabajar.”

Tenemos que trabajar hasta tarde, otras veces debemos viajar, nos perdemos primeras veces, fechas importantes, así es la vida. Ser mamá no significa renunciar a una misma, o al menos no debería. Para quienes hemos decidido tener hijos, asumir que además tenemos otros desafíos que deseamos lograr, sin culpa, es también ser buenas madres porque estamos siendo auténticas, incluso cuando hay días en los que quisiéramos guardarlos en un cajón, sólo para tener un poco de silencio.

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De la plaza de Sucre a Beijing: los caminos del feminismo

El feminismo, a lo largo del tiempo, se ha ido transformando casi en la misma medida en que diversidad de sectores, colectivos y similares lo han estado distorsionando, al punto que hoy abundan quienes creen que ser feminista es sinónimo de extremismo y anarquía. Pues no, a esas personas les falta lectura y análisis.

El feminismo, cuando yo era niña, lo leía en las revistas con el nombre de “liberación femenina” y entonces no se mencionaban términos vitales, como derechos humanos, igualdad de oportunidades, acoso o violencia machista. Se trataba el tema incipiente y superficialmente, al menos en los textos que llegaban a mis manos (revistas “para mujeres” y algunos periódicos). Mi mamá, sin ir muy lejos, nunca se consideró feminista, pero lo fue. Un día le dijo a mi papá que quería trabajar y ganar su propio dinero, además de salir un poco de la casa, pues sus tres hijos la teníamos completamente agobiada. Cumplió, como le habían enseñado con ser esposa y madre, pero faltaba algo, necesitaba ser ella misma en ámbitos que la estimulasen intelectual y creativamente.

Mi papá se opuso, fue un tiempo en el que discutieron mucho, muchas veces. Cada uno defendía sus argumentos sin cejar. Cada uno hacía lo mejor que podía, con lo que sabía y entendía; es algo que comprendí muchos años después. El caso es que un día mi mamá decidió hacer huelga y comenzó a salir, de lunes a viernes, de 9:00 a 12:00 y de 14:00 a 18:00. Iba a la plaza central, donde se sentaba en un banco hasta que la hora de regresar. Sola y en silencio, resistió los reclamos de su esposo, los berrinches de los niños, los chismes del pueblo. En casa nada grave sucedió, ella se organizó de tal manera que nuestra vida siguió marchando como se esperaba que ella la haga funcionar. Luego de dos semanas mi padre tuvo que ceder, negociaron algunos términos que merecen un artículo aparte, y mi mamá consiguió un puesto de secretaria en una oficina pública, donde comenzó a ser ella nuevamente, fluyendo en toda sus facetas, sintiéndose independiente, capaz y productiva más allá del nido familiar y de los roles de género que le habían asignado sin preguntarle.

Y es que, de eso, por mostrarlo de forma muy simple, trata ser feminista. Que haya hoy cientos de corrientes y formas de usar esta lucha, es otro tema.

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