El cine boliviano de 2022

Ya es diciembre, momento de hacer recuentos y este resulta especialmente gratificante. Hay razones para la alegría, con un año especial en estrenos, en premios y en reencuentros que se agradecen. Como nunca antes, tenemos 15 nuevas producciones en total, tres de las cuales aún no han llegado a salas. Dos son largometrajes vinculados al país, como Manto de gemas, de la boliviano mexicana Natalia López Gallardo, cuya ópera prima ganó el Oso de Plata en la Berlinale y tuvo una proyección en la Cinemateca Boliviana, donde Natalia compartió con un público visiblemente conmovido por ella y por su obra. Está también Karnawal (Juan Pablo Felix, 2020), una coproducción con varios países, incluyendo Bolivia, que tiene más de 20 galardones internacionales, incluyendo Mejor Ópera Prima en los premios Platino. En cuanto a documentales, hay varios, como Ginger’s Paradise (Alejandro Quiroga), Valcárcel (Roberto Dotti), El disco de piedra (Geraldine Ovando) y Achachilas (Juan Gabriel Estellano), además de varios nuevos cortos, próximos a proyectarse en el Festival de Cine Radical.

Con más alegrías que decepciones, estas son nuestras películas, las que nos han llenado de orgullo y nos han provocado a salir de nuevo al cine para volver a mirarnos a través de sus historias. Una lista para atesorar.

Quiero ser youtuber (Alvaro Mercado, 2019). El año comenzó con una comedia hecha por jóvenes youtubers. Trata sobre Alvin, un buen chico, cuya autoestima está en crisis, pero que sueña con lograr el éxito en el mundo de las redes sociales.

Mi socio 2.0 (Paolo Agazzi, 2019). La secuela de la inolvidable historia que vimos en los 80 en realidad se estrenó en 2020, unos días antes del confinamiento global, habiendo estado pocos días en cartelera. Volvió este año para contarnos las aventuras y desventuras del querido Vito, el conductor de “Mi socio”, unas décadas después de la historia original.

Sigue leyendo «El cine boliviano de 2022»

La magia de lo intrascendente

El exceso, la desmesura y la estulticia. Hombres cegados por sus apetitos de dinero, poder y control. Los Musk, los Xi, los Putin, los Raisi, los Ortegas del mundo, los que desaparecen a miles cada día, los que arrasan con la selva, con el agua y con el aire. Desaforados. En esta modernidad líquida las exageraciones están a la orden y son abigarradas, por así decirlo; algunas provienen de la inquina y del rencor, otras de la codicia y del egoísmo. Todas dañan. La necedad no da pie a la templanza.

En Generación de la abundancia (EEUU, 2018) la fotógrafa Lauren Greenfield hace un repaso a los excesos del “sueño americano” durante los últimos 30 años; un recorrido que logra captar el interés por conocer en qué han acabado las tribulaciones de aquellos a quienes ha seguido con su cámara. El periplo es variado, incluye a adolescentes en Los Ángeles, hijos de famosos que se refugian en las fiestas, el sexo y las drogas; raperos que se transformaron con insólitas fortunas; stripers adictas a los billetes, actrices del cine porno con extraños vicios y magnates en busca de añadir más a sus cotidianos excesos. Jackie Siegel, por ejemplo, que hizo construir la casa más grande de los Estados Unidos o Huang Qiaoling, el ciudadano chino que edificó una réplica de la Casa Blanca en medio de sus campos de arroz. Un recomendable documental sobre la exacerbación de la abundancia, disponible en Prime Video.

Otras formas que adquieren los excesos de la actualidad provienen de la digitalización y la hiperconectividad. El narcisismo, la exacerbación de la trivialidad, la búsqueda del elogio y la necesidad de exposición, buscando algo que en realidad no está ahí, son algunos de los padecimientos que ha ocasionado.

Para muestra, un botón:

Sigue leyendo «La magia de lo intrascendente»