La luna de las flores es esa inmensa alfombra de millones de florecillas diminutas que cubren las colinas y las praderas al inicio de la primavera. Así la llaman los Osage, un pueblo originario de cultura profundamente espiritual y arraigada a tradiciones de respeto a la tierra y a la naturaleza. Conocidos como la “gente de las aguas medias”, eran famosos por su enorme estatura. El pintor George Catlin los consideraba como los más altos de Norteamérica. En 1870 fueron desplazados de sus tierras a un inhóspito lugar en el Estado de Oklahoma, pero lo que parecía ser un destierro al olvido cambió cuando descubrieron que habitaban sobre un enorme yacimiento de petróleo.

Mollie es una indígena Osage a quien le gusta orar junto al río al amanecer porque es el momento más sagrado del día, y guardar silencio durante las tormentas, como señal de respeto. Mollie es inteligente, perceptiva y de pocas palabras y, aunque padece de diabetes, es muy fuerte.
Ernest es el coyote. El hombre blanco, sobrino del dueño del pueblo, pusilánime, alcohólico, matón, ladrón y apostador.
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