Mano propia, la realidad bien narrada

Películas sobre linchamientos hay decenas y probablemente gran parte se basa en hechos reales. Tan triste como irrefutable. Títulos icónicos vienen a mi memoria: Río Místico (Clint Eastwood) y Dogville (Lars von Trier), ambas del año 2003; o La jauría humana (Arthur Penn, 1966). Todas tienen en común el odio como fuerza que impele a la muerte violenta y casi siempre, injusta. Por otra parte, imagino que linchar es un procedimiento utilizado dentro y fuera de los marcos institucionales desde que la humanidad existe, según lo determinen los intereses en el poder. Como los incendios forestales, por ejemplo.

Escena de Mano propia. Foto: Facebook de Macondo Cine.

Y me pregunto ¿puede una historia terrible ser bellamente expuesta? Sí. Gory Patiño y un equipo exquisitamente preparado lo acaban de demostrar en Mano propia, su tercer y mejor largometraje, sin duda.

Volví a leer Tribus de la inquisición un par de días antes del estreno y, aun conociendo la historia, me descubrí a mí misma conteniendo la respiración, sintiendo la angustia y sufriendo el suspenso que Mano propia plasma en el metraje a través de las actuaciones, la fotografía, la edición, el sonido y más.

La banda sonora acompaña la historia con sensibilidad y sin exceso dramático, es un lamento estoico, me animaría a decir; y si la película tiene un elemento que le permitió a mi alma sentirse contenida, fue su música.

Gory me dijo que cuando habló con Cergio Prudencio sobre este proyecto por primera vez y le contó sobre el linchamiento de los hermanos Antezana en el trópico de Cochabamba, el músico se puso a trabajar de inmediato y sin necesidad de acuerdo alguno. Esos detalles los verían después; la historia lo conmovió tan profundamente que las notas brotaron.

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Abejas y valor de marca

¿Sabías que los polinizadores contribuyen directamente a la seguridad alimentaria y que polinizan el 75% de las cosechas del mundo? Y, como sucede con tantas contradicciones nuestras, desde hace mucho la actividad humana las está poniendo en peligro. Sin embargo, hay cosas que aún podemos hacer para contrarrestar las amenazas, una de ellas es apoyar a este valioso emprendimiento llamado Melimel, que se dedica a la apicultura sostenible.

Melimel es una de esas iniciativas que nos inspiran a ser mejores y ofrecen a las organizaciones y personas la posibilidad de realizar una buena acción, de forma sencilla y a la vez, efectiva. Es por eso que este año soy la orgullosa mamá adoptiva de unas colmenas, que me proveerán miel pura y sin procesos industriales, pero lo que realmente importa, es que me dan la alegría de colaborar con la preservación de las abejas e, indirectamente, con la cadena virtuosa de comercio justo y sostenible que MELIMEL ha creado en su entorno con los productores locales que le proveen de los insumos para su producción.

La milla extra

Melimel, de la mano de Pamela Requena, ha creado el ApiClub, un espacio de encuentro y aprendizaje, en el que apicultores intercambian conocimientos para perfeccionarlos y así mejorar técnicas y la calidad de los productos, pero sobre todo para «acercar al mundo al universo de las abejas, para protegerlas y respetarlas». Pamela sostiene que la apicultura es más que producir y consumir miel, es establecer una conexión con seres que cuidan la naturaleza sin pedir nada a cambio, cuya labor es fascinante y de las cuales tenemos mucho que aprender.

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