Películas sobre linchamientos hay decenas y probablemente gran parte se basa en hechos reales. Tan triste como irrefutable. Títulos icónicos vienen a mi memoria: Río Místico (Clint Eastwood) y Dogville (Lars von Trier), ambas del año 2003; o La jauría humana (Arthur Penn, 1966). Todas tienen en común el odio como fuerza que impele a la muerte violenta y casi siempre, injusta. Por otra parte, imagino que linchar es un procedimiento utilizado dentro y fuera de los marcos institucionales desde que la humanidad existe, según lo determinen los intereses en el poder. Como los incendios forestales, por ejemplo.

Y me pregunto ¿puede una historia terrible ser bellamente expuesta? Sí. Gory Patiño y un equipo exquisitamente preparado lo acaban de demostrar en Mano propia, su tercer y mejor largometraje, sin duda.
Volví a leer Tribus de la inquisición un par de días antes del estreno y, aun conociendo la historia, me descubrí a mí misma conteniendo la respiración, sintiendo la angustia y sufriendo el suspenso que Mano propia plasma en el metraje a través de las actuaciones, la fotografía, la edición, el sonido y más.
La banda sonora acompaña la historia con sensibilidad y sin exceso dramático, es un lamento estoico, me animaría a decir; y si la película tiene un elemento que le permitió a mi alma sentirse contenida, fue su música.
Gory me dijo que cuando habló con Cergio Prudencio sobre este proyecto por primera vez y le contó sobre el linchamiento de los hermanos Antezana en el trópico de Cochabamba, el músico se puso a trabajar de inmediato y sin necesidad de acuerdo alguno. Esos detalles los verían después; la historia lo conmovió tan profundamente que las notas brotaron.
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