Desde Selecciones hasta Oppenheimer, relatos apocalípticos

Encontré un ejemplar de Selecciones del Reader’s Digest, una revista que disfrutaba coleccionar hace mucho y que, en algún momento aciago, perdí. La edición traía de todo, artículos diversos y atemporales, como Ofrecer disculpas, arte indispensable, En empresas así da gusto trabajar, Delicias gastronómicas de Asia, y Raquel Welch enseña yoga.

Estaba por leer sobre una niña prodigio del violín, pero el texto que ganó mi atención y produjo esta nota fue Vientos mortales: Chernóbil, 1987, a propósito del primer aniversario del accidente que esta semana cumple 39 años y que sigue siendo recordado como uno de los desastres nucleares más nefastos de la historia. Comenzó a la 1:23 am del 26 de abril de 1986, cuando explotó el reactor número 4 de la estación nuclear ubicada a 15 kilómetros de la ciudad ucraniana de Chernóbil. Las personas afectadas se cuentan por decenas de miles, desde quienes tuvieron que abandonar su hogar hasta quienes fallecieron ese día y a lo largo del tiempo, debido a una cadena de consecuencias que se prolongó por más de veinte años.

La cantidad y alcance de los daños es incontable y se ha producido mucha información al respecto durante estas casi cuatro décadas. En el mundo audiovisual también, y si hay interés y aún no la vieron, está la miniserie Chérnobil (2019), disponible en Max y en el mercado paralelo. Tiene solo cinco episodios, pero su potencia narrativa es soberbia e impactante. En su momento ganó diez Premios Emmy, nueve premios BAFTA y dos Globos de Oro, incluyendo mejor miniserie.

El relato aborda todas las facetas del hecho, la forma en que sucedió el accidente, los personajes y sus historias personales, pero también el lado político y cómo el gobierno de entonces, irresponsablemente, trató de ocultar el hecho.

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Si nos permiten recordar: subvirtiendo ritos

Una de las actividades culturales más interesantes que se están realizando actualmente, con el pretexto de generar reflexiones en el marco de la conmemoración del Bicentenario, es la que hace poco inició el Centro Cultural de España en La Paz. Con el título Nacer Mujer: si nos permiten recordar, es “un espacio de encuentro y diálogo pensado por la historiadora boliviana Rossana Barragán para reconocer, homenajear y aprender de la trayectoria de mujeres que han dejado huella en distintos ámbitos de nuestra sociedad”. La propuesta tiene un enfoque que merece atención, pues se trata de entender la historia no como algo “que se decidió en un día por unos doctorcitos”, comentaba la historiadora durante su presentación, sino como “un largo proceso social, en distintas etapas, muy doloroso, en muchos casos”, cuyos escenarios y personajes no figuran en los textos oficiales.

Y razón no le falta, pues las celebraciones cívicas suelen ser repetitivas, además de semejantes en todas partes del mundo: con desfiles militares que consolidan un sistema vertical y varonil. Rossana nos dice que, en forma paralela a las conmemoraciones desde los gobiernos, ha habido y hay disputas individuales y colectivas sobre las lecturas del pasado y sobre las exclusiones del presente. “Se disputa los lugares que ocupan en el presente, pero también en el pasado, los grupos, los sectores populares, subalternos indígenas, afrodescendientes, mestizos, pero mestizos en el sentido histórico del término.”

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