Fernando Arze Echalar: “La creación constante es una necesidad”

¿De qué manera encuentras tu lugar en el mundo? A veces es de una forma suave; sin dudar, solo caminas y haces. Otras, deteniéndose en alguna parte del camino, mirar alrededor y darse cuenta de que nada de eso tiene sentido para ti, aunque parezca lo indicado. Esos son los momentos en que, con la claridad suficiente y si te das la oportunidad de escucharte a ti mismo, puedes lograr la lucidez espiritual para dar un giro a tu vida. Tomar esa decisión que jamás habías siquiera supuesto. Hacer ese cambio determina la diferencia entre lo que vives y lo que en realidad quieres vivir.

La primera vez que supe de Fernando fue en 2012, diez años ya, en el Teatro Municipal de La Paz, dirigiendo la obra “Arte” (Yasmina Reza), que sorprendió con una refrescante propuesta, una comedia moderna, algo diferente a lo que solíamos ver en nuestros escenarios. El elenco estaba compuesto por tres de nuestros mejores artistas, Luigi Antezana, Cristian Mercado y Gory Patiño.

“Arte” fue una especie de detonante para todo lo que sucedió después. Surgieron nuevas ideas y propuestas, que lo animaron a dejar Brasil y trasladarse de vuelta a su tierra natal, donde ha estado haciendo mucho teatro y mucho cine. Su oficio ha sido siempre la brújula con que ha definido los cambios en su vida. “Agradezco la cantidad de trabajo que he podido hacer en Bolivia. Lo lindo aquí es que se puede hacer de todo, de cierta forma es más fácil hacer cosas aquí, que en otros países”.

Muralla. Dir: Gory Patiño

Prolífico, siempre en constante movimiento y creando nuevos proyectos, Fernando Arze Echalar acaba de regresar de Ecuador, donde estuvo durante varias semanas rodando el rol coestelar del largometraje “Los ahogados”, escrito y dirigido por Juan Sebastián Jácome y Víktor Mares. Ambos realizadores vieron el trabajo de Arze Echalar porque la película “Cenizas” (disponible en Prime Video), de Jácome estuvo circulando en los mismos festivales y certámenes internacionales que “Muralla” (Gory Patiño, Bolivia, 2018) y “El río” (Juan Pablo Richter, Bolivia, 2018), también en Prime Video. En ambas, Fernando interpreta a personajes protagónicos. Esto provocó el interés de los realizadores, quienes lo convocaron para el casting de “Los ahogados”, donde fue seleccionado. Ahora la película de Abaca Films está en fase de posproducción.

Actualmente Fernando prepara un nuevo corto, “Lo que nos queda”, producción de Qinaya Films y SapoDoMundo Films y en los próximos meses estará en Santa Cruz de la Sierra para filmar “Fracturas”, nuevo largometraje boliviano que trata sobre un drama judicial y que esperamos se proyecte en nuestras salas en 2023. Una buena noticia, por cierto, nos hace falta ver más cine de ese lado de la patria.

Todo esto, más la escritura de guiones, la dirección y actuación en cortometrajes y la planificación de obras de teatro son una suma de elementos para un año importante en la vida de este actor, director y escritor boliviano, que acaba de cumplir 50 años de vida y 25 como artista.

¿Cómo comenzó todo?

Su “vida anterior”, como él la llama, transcurría sin mayor novedad, se había graduado como ingeniero eléctrico y sin haber considerado jamás a la actuación como un camino posible. Fue, como tantas cosas en la vida, uno de esos azares insospechados lo que alteró su destino. Mientras estaba de vacaciones en Río de Janeiro, ciudad en la que vivía con su madre, una amiga de infancia lo persuadió para que la acompañe a averiguar por unas clases de teatro. La búsqueda no prosperó, pero una tarde en la que iban al cine, encontraron un centro cultural donde ofrecían esos cursos y Fernando acompañó a su amiga a una clase de prueba. Una vez ahí se presentó como espectador, sin interés en participar, pero poco duró su postura, pues se encontró a sí mismo inmerso en la dinámica de la sesión y participando en una improvisación en la que algo salió de él con tal fuerza que hasta ahora no logra recordar del todo su interpretación en esa clase.

El río. Dir. Juan Pablo Richter

Fernando recuerda ese momento como un estado de trance y de enorme ansiedad, al punto que cuando terminó quiso salir, pero no pudo encontrar la puerta. Se suponía que esa tarde estaba yendo al cine y terminó actuando en un taller de teatro. La descarga de adrenalina duró varios días y por varias noches no pudo dormir, algo se le había entrado al cuerpo y aún no sabía qué era. Su madre le dijo “tú estás feliz”, pero él no se sentía así. Era incapaz de racionalizar lo que le estaba sucediendo. Dejó de ir a su trabajo como pasante en un hotel y dos días después, cuando tocaba la siguiente clase, se encontró a sí mismo en el bus camino al centro cultural. Estaba ahí, había hecho el viaje, pero el miedo no lo dejaba asumir que la decisión ya estaba tomada. “Cada martes y jueves sufría el trayecto y sufría la clase, no quería ir, pero lo que sentía al terminar cada sesión era indescriptible.” El resto es historia.

Ejercer el libre albedrío

“He tenido muchas dificultades, muchos momentos de crisis, pero si hay una cosa que puedo decir es que nunca he hecho algo que no me ha gustado o que no quería hacer”. En ese camino “me he equivocado muchas veces, he hecho un proyecto que no me convencía, por ejemplo, pero me he mantenido en el lugar que elegí”.

Piensa con frecuencia en el futuro y en la idea de no actuar por una u otra razón, lo cual le provoca soñar más y en más posibilidades. “Por eso escribo y dirijo”, dice.

Fuertes. Dir: Óscar Salazar Crespo y Franco Traverso

Uno no sabe lo que es realmente capaz de hacer si no fuera porque a veces y -afortunadamente- alguna fuerza extraña nos empuja a abismos tentadores, a los que no iríamos por voluntad propia. Quizá por eso es que ha decidido mudarse a Santa Cruz y experimentar una nueva etapa, con muchas ideas, como generar una escuela, un centro cultural, seguir enseñando, pero con la claridad de que hacer cine es su prioridad, sea actuando, escribiendo o dirigiendo.

¿A qué le temes? A muchas cosas, dice. “Cambiar de país o de ciudad causa miedo, cada vez tengo más miedo al cambio, pero me aterra más no cambiar, ser la misma persona que era hace 20 años; a que mi vida no tenga sentido y mientras más vivo, menos sentido le hallo, lo que está bien, quizá ese es el sentido. Quizá esa sea la búsqueda, no necesitas un sentido para ser feliz.”

¿Crees que eres una mejor persona a partir de haber dado un giro de la ingeniería al teatro? “El teatro es una oportunidad para entender mejor al ser humano y yo tomo esa oportunidad. No sé si eso me hace una mejor persona, puede ser.” Yo diría que sí.

*Foto de portada: Tatiana Zavala. Fotos de personajes: fernandoarzeechalar.com

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