Ser mamá y jugar Pokemon Go

wp-pokemon.jpgHace poco fui insultada públicamente, en la universidad donde me titulé, por dos académicos de renombre, en frente de un público de más de 150 personas. Lo único que recibieron a cambio fue algo parecido a una sonrisa.

Sucedió en una conferencia académica, en la que participaba un ilustre profesor de literatura de una universidad mexicana, junto a un expresidente, ambos me lanzaron sus epítetos, mientras yo los escuchaba muy atenta y respetuosamente, en primera fila.

“Esa tropa de tarados que juegan Pokemon Go” dijeron, al referirse a algo que ya no recuerdo. Sentí que me lo decían a mí, sin pena, pues todo el auditorio lanzó una discreta risita. Yo sonreí con expresión de auténtica tolerancia. No soy propiamente una gamer, pero tengo Pokemon Go y de vez en cuando salgo a la caza de Rattata, Venonat, Nidoran, Graveler y otros francamente impronunciables. ¿Eso me convierte en tarada o en integrante del equipo de tarados que, supuestamente son todos los que participan de esta moda? Lo dudo, tanto lo primero, como lo segundo. Tarados más, tarados menos, estoy segura que hay de todo en este mundo y en el de Pikachu. Pero los respetables disertantes no me ofendieron, así que estamos en paz, señores licenciados.

Lo que me provoca comentar esto es que mientras que ellos nos desprecian, colegas, hermanos, fraternos pokemongoeros, nosotros no los juzgamos. A lo mucho, me apena que dos mentes tan importantes carezcan de la amplitud necesaria para interiorizarse en algo antes de condenarlo, sólo porque arrasa con las masas.

Coincido en que, generalmente, las modas, las grandes olas, las tendencias masivas no son asuntos muy dignos de recomendación. Cuando mis hijos reclaman hacer algo que yo no apruebo, siempre argumentan que “todos lo hacen”. En mi opinión, eso no es garantía de algo ni bueno, ni de calidad. Baste señalar como ejemplos (a riesgo de ser lapidada) las grandes cantidades de alegres fiesteros que disfrutan el reggaetón, cosa absoluta e indiscutiblemente nefasta (notarán que ni siquiera la he llamado música). De igual modo, millones de personas han seguido y siguen fielmente a líderes de dudosa moral y evidente falta de cerebro, a genocidas, a pseudo poetas de letra fácil, etc. Los casos son variados y numerosos.

Volviendo al juego de referencia, decidí, por razones de amor propio, por curiosidad y porque en mi búsqueda de “tiempo de calidad” con mi hijo (pinches libros de crianza del niño feliz), decidí averiguar de qué trata la nueva ola mundial llamada Pokemon Go. Además, creo que las prohibiciones, el aislamiento y la desconexión no son las medidas más inteligentes, en la mayoría de los casos. Las redes sociales, gadgets, apps y demás, están incluidas en lo que considero que si no puedes contra ellas, úsalas.

¿Se han fijado que los adolescentes miran con desprecio a los adultos, a quienes consideran ancianos, sean de 30 o de 80 años? Tal desprecio se agrava irreversiblemente cuando estos pequeños individuos constatan que la tecnología está más allá de la comprensión de quienes los han traído a este mundo que, no contentos con alimentarlos, educarlos y vestirlos, les dan smartphones, ipads, tablets, laptops, iphones y más, que luego serán usados en su contra. Tal parece que el problema de muchos adultos que condenan los avances tecnológicos, mismos que los niños parecen entender con espontánea naturalidad, es su falta de comprensión, pero sobre todo, su falta de voluntad.

Pues no, me niego. Yo me monto en la ola, señores, descargo app, salgo y cazo pokebichos mientras simulo chatear, para que mis vecinos quiten esa sonrisa burlona de su cara. Una vez superada la vergüenza pública, encuentro mamás, papás, niños, adolescentes y adultos de todo tipo atrapados por esta novedad, cuyo máximo atractivo es la realidad aumentada. Son los hologramas de Star Wars traídos a nuestras calles, así que no nos debe sorprender que sea tan irresistible, siempre hemos deseado jugar con efectos especiales.

Como todo, las modas pasan y aún falta saber todo lo que este nuevo avance ocasionará (para bien y para mal). Lo que sí puedo afirmar es que cuando yo dé mi opinión, será a sabiendas de lo que se trata, es decir, cuando pase el nivel 10 o gane un combate de gimnasio.

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